Entrevista a Aida Davinia: «La escritura fue mi salvación. Mi manera de gritarle al mundo que estoy viva».

En Lettere siempre hemos destacado a nuestra autora Aida Davinia por su carisma y su fuerte personalidad, así como por su mundo interior. Por ello, hemos realizado con ella una pequeña entrevista donde podemos entender mejor la relación de ello con sus escritos. Estamos seguros de que la vais a disfrutar tanto como leyendo Esta noche las heridas las pago yo.

Con solo 23 años ya estás publicando tu primer libro, ¿desde cuándo escribes? ¿Y cómo fueron tus comienzos con la escritura?

Creo que escribo desde que tengo uso del corazón. Siempre he sido consciente de que soy una persona a la que le cuesta mucho mostrar sus sentimientos y eso, aunque a veces haya podido pensar que me servía para protegerme, también me ha hecho alejarme de los que quiero y sobre todo, de mí misma.

Así que un día, cansada de perder a personas por ese miedo a sentirme frágil, decidí que si quería dejar de hacerme daño, tenía que atreverme a sacar a bailar a mis monstruos y debía empezar a escucharme. Y si tenía que llorar, reír, gritar o suspirar, lo haría a lo grande.

Y ahí empecé a escribir. Porque empecé a conocerme y a dejarme sorprender. La escritura fue mi salvación. Mi manera de gritarle al mundo que estoy viva. Mi sueño. Y también mi lucha.

Cuéntanos en qué momento escribes, qué lugares, situaciones, experiencias, etc. te inspiran para crear.

Puede sonar a tópico, pero escribo cuando estoy más triste, cuando algo me ha dolido, cuando me encuentro en una situación de la que no sé cómo salir, en mis días más oscuros. No soy una persona que escriba todos los días, porque no quiero crear un contenido en el que no me sienta a gusto. En el que no me sienta yo misma. Al final, en cada texto o poema, os cuento mi historia o la de todo aquello que me rodea y me ha removido por dentro.

Siempre suelo escribir cuando estoy totalmente sola, porque ahí es cuando me atrevo a ser más sincera conmigo misma y me atrevo a decirme todo aquello que duele y enseña. Que me hace sentir triste y a la vez invencible. Que duele, pero también cura. Y para hacerlo, siempre necesito música de fondo, normalmente Ludovico Enaudi es mi primera elección (como ahora mientras respondo estas preguntas).

Y disfruto de hacerlo, porque escribir en cierto modo es desnudarse y perderte en tu propia piel. Y descubrirte. Y a mí, me enseñó a quererme y a sentirme más libre que nunca. Y esa sensación de vulnerabilidad fue desapareciendo con el tiempo, cuando vi que estaba siendo capaz de ayudar a otras personas que se habían sentido igual que yo. Que se habían sentido pequeñas, sin ser conscientes de lo grandes que son. Y por eso a día de hoy, sigo dando las gracias porque escribir y que sientan conmigo, ha sido el mayor sueño y el mayor regalo con el que podría haberme topado jamás.

¿Qué nos vamos a encontrar en Esta noche las heridas las pago yo?

Me vais a encontrar a mí abriéndome en canal y dejando cicatrizar algunas heridas que ya dolieron demasiado. También encontraréis otras que siguen formando parte de mí, porque nunca me han gustado demasiado las despedidas y casi todas ellas ocultan un nombre del que aún no he sido capaz de desprenderme del todo.

Quería hacer un libro real. Un libro con el que me sintiera cómoda. No quería recurrir a lo fácil. Recurrir a lo que pueda vender más u ocupar grandes escaparates. Ésta ha sido una obra que se ha ido formando a fuego lento y que me ha regalado unos momentos de sorpresa increíbles. Sólo tengo buenos recuerdos de cada uno de los momentos que me he sentado frente a éste mismo teclado para ir dándole vida (aunque a veces sintiera que me la quitaba cada uno de sus versos). Y aunque ha sido difícil en muchos momentos, porque lo he disfrutado y lo he sufrido en cada página. Porque he sentido miedo y adrenalina, por exponerme a la vez. Porque he llorado tantas veces encima de mi libreta, que he acabado con las manos llenas de tinta.

Creo que he conseguido lo que quería. Y lo más importante, he aprendido a perdonarme por no haber sido valiente a tiempo muchas veces y por no haberme permitido el lujo de dejarme llevar en muchas ocasiones.

Ahora sólo espero que lo disfrutéis tanto como lo hemos hecho todos los que hemos formado parte de este proyecto tan bonito y tan especial para mí.

En cuanto a tus lecturas personales, ¿qué libros llenan tus estanterías?

Es muy curioso porque mi habitación y mi vida suelen ser un caos, porque todos tenemos algún que otro desastre dentro de nosotros mismos. Pero sin embargo, mi estantería es lo único que se mantiene en orden y lo primero que salvaría en caso de incendio. De eso estoy segura.

Y está vestida por montones de libros de poesía. Es un género en el que me siento cómoda. Me siento fuerte y en el que siento que puedo deshacerme de mi coraza, al menos por un rato.

Siempre digo que el primer libro que marcó un antes y un después en mi vida fue Mi chica revolucionaria, de Diego Ojeda. Y siempre le estaré agradecida, porque creo que es un libro que alberga dolor, esperanza y valentía. Y también un poco de caos y la libertad de hacer con el tuyo lo que te haga feliz.

Después vinieron muchos más que me marcaron como los libros de mi querido Carlos Kaballero, el que por cierto ha escrito un prólogo maravilloso para mi libro, y al que admiro, respeto y quiero por la persona que es. Porque es verdad en un mundo tan de mentira, de adornos y de tanto confeti para camuflar que tenemos todo el derecho a tener un día de perros.

También quiero destacar Viajes a Kerguelen, de mi amigo Iago de la Campa, al que conocí de casualidad en Madrid y el que fue el primero en tenderme una mano, sin siquiera conocerme. Se preocupó por mi trabajo, por animarme a cumplir mi sueño y ahora yo no dejo de disfrutar viendo como él va cumpliendo los suyos.

Siempre diré que tal vez a los “poetas contemporáneos”, como nos llaman, o a los que tenemos algo que decir, no se nos tiene muy considerados. He escuchado mil veces que nunca seremos como los grandes. Pero tal vez tampoco queramos serlo. Tal vez sólo queremos sentir y cargar con nuestras propias balas. Pero eso no significa que seamos más pequeños. Creo que al final la poesía es unir fuerzas cuando nos faltan y disfrutar del baile. Y jugar a ser niños mayores por un rato. Y yo siempre he sido de jugar, aunque a veces me toque perder.

¿Cuál fue la parte más complicada de afrontar a la hora de escribir este poemario?

La parte más complicada fue aprender a dejar de taparme los ojos cuando lloraba por algo. Aprender a dejar de esconderme tanto como lo hacía antes. Aceptar que mi historia, ya no sería sólo mía, pero que eso podía ser bueno. Porque en el espejo hay sitio para que más gente pueda verse reflejada conmigo.

También fue duro aprender a mirar dentro de todas mis grietas, y remover cosas y personas que creía haber dejado guardadas bajo llave, pero estaban más a la vista de lo que creía.

En este libro más que textos hay personas que son reales. Que han formado, forman y seguirán formando parte de mi vida. Y todas para bien. Porque que salga mal, no significa que no puedas aprender de ello, o que no te haya hecho feliz en su momento.

Y yo por suerte, he aprendido, he sido feliz y sobre todo, aprendí gracias a alguien, que cuando llegara el momento, sería capaz de querer a alguien con todas mis fuerzas, aunque el miedo pudiera con nosotros. Esa persona fue mi primer amor. Fue la primera persona con la que viví mi primera relación. Con la que me atreví a vivir con los ojos cerrados, porque no tenía ningún tipo de miedo. Sólo ganas de seguir conociendo todo lo que escondía. Lo bueno y lo malo. Y a día de hoy, me alegra poder decir que es alguien imprescindible en mi vida. Al que quiero y respeto, por encima de todo.

Pero sin duda alguna, atrever a profundizar tanto dentro de mí misma, fue lo que más me costó al empezar a escribirlo.

¿Cómo surgió el título del libro?

Tenía la idea de que quería un título que yo misma hubiera sufrido. Y que me hiciera reconocerme en él. Y surgió de forma muy natural porque gran parte de este poemario ha sido escrito por la noche cuando no podía dormir. Cuando abrazaba a todo lo que me dolía. Y creo que al final todos sentimos al menos una vez en la vida, esa sensación de que aunque lo des todo, al final el que acaba jodido eres tú (perdón por la expresión). Y yo muchas veces me he sentido así. Y de repente me vino a la cabeza “Esta noche las heridas las pago yo”. Y me pareció que reunía precisamente todas las emociones que quería. Y se hizo de día y yo ya tenía casi un libro bajo el brazo, que era la historia de mi vida. La historia de mis heridas.

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