Reseña de “Habitación 226” en el blog Cita en la glorieta

Portada de “Habitación 226”

Reseñamos hoy la opera prima de Pedro Díaz Chavero (Madrid, 1957), maduro en edad, pero que entra en nuestro panorama literario con pujos de jovenzuelo escritor deseoso de romper la pana. Y es que, como bien recuerda Ricardo Peidró Conde, Embajador de España y responsable del prólogo de «Habitación 226», José Saramago empezó su carrera a esa edad…, y todos sabemos adónde llegó.

Un padre ausente al que, sin embargo, poco se reprocha; una madre –Antonia– a la que le cuesta mostrar un cariño escondido tras sus silencios y enfados; la abuela –Regina– modelo de libérrima vitalidad; el abuelo –Manuel– que exhibe fortaleza y la necesidad de crearse un mundo ajeno a la miseria que le rodea… Estos son algunos personajes que conforman el devenir de Antonio Díaz –Toñín, parcial alter ego de Pedro Chavero–, chaval de 14 años capaz de alzar del suelo una existencia propicia con bien poco: la luz del sol, los juegos con sus amigos, la libertad de sentir el aire extremeño en la cara, y su ambición de ser ese médico que cure el cáncer, mortal enfermedad que se ha llevado a su abuela tan querida.

Encuentra así Toñín paliativos a esa soledad que inevitablemente acompaña a la dignidad de la pobreza: en él mismo, en esa fosa oscura llena de la suficiencia de un espíritu libre que, sin embargo, desconoce todavía el ejercicio de la libertad individual que suele acompañar al nihilismo adulto. Orgullo, dignidad, pueblo y sol, son elementos tangibles con los que edifica el universo de su primera adolescencia: estrecha en lo económico e infinita en la fuerza de los sueños. Aunque esa infinita soledad, a pesar de todo, gane a menudo a cualquier deseo y –perdido en ella– Toñín sólo encuentre en su seno la barbarie de los hombres… 

El chaval se halla frente a temores e interrogantes profundos donde la necesidad de saber y sus recuerdos no pocas veces se enfrentan entre sí. Será su amor por la Gran Literatura (enjundiosos listados de novelas aparecen en «Habitación 226») lo que haga que el protagonista busque en el estímulo de la superación personal algo de claridad, más fácil de encontrar fuera de Madrid: en los cielos de Extremadura, en compañía de su amigo Sandalio o en el amor por Lucita. Pero como reverso de la trama aparece el descarnado horror de las violaciones infantiles: un cura pederasta y el hijo del rico del pueblo comparten gusto por tales desmanes. Ambos serán ejecutados a través de modélicas venganzas en unas páginas truculentas que poco tienen que envidiar al Camilo José Cela de «La familia de Pascual Duarte». El apoyo de algún profesor del colegio, que cree que Toñín tiene madera de universitario, oxigena tanta desdicha y abre una puerta al futuro.

«Habitación 226», desde el campo de la ficción, aporta trazos de relato autobiográfico, algo bien atornillado por ser una narración pródiga en dolorosos recuerdos (de esos que resulta imposible inventar) que describen con certeza orígenes pobres, no retrocediendo ni ante la comprensión hacia aquellos que pusieron múltiples cortapisas en la vida de Antonio Díaz, ni, por supuesto, olvidándose de quienes posibilitaron que llegara a forjarse un futuro.

Pedro Chavero

El estilo literario de Pedro Chavero en «Habitación 226» es sencillo. Busca conmover al lector a través de una pureza que no admite otros adjetivos que los de la verdad. El escritor madrileño dota a su obra de una intensidad que, por momentos, es conmovedora dentro de la naturalidad de una prosa que sabe meter el dedo en esa llaga invisible para algunos, pero que resulta sangrante para lectores sensibles. Es en esa habilidad de alcanzar lo más hondo del corazón donde radica tanto la generosidad humana de Chavero como su inteligencia de autor capaz de dotar a la vida de una épica única y consistente: de la mano de su protagonista absoluto –Toñín– caminamos por la vida sin otro adorno que el de la soledad que acompaña a la dignidad de la pobreza.

Pensé que todos, ricos y pobres, borrachos y asesinos, reyes y esclavos, pasaríamos por la 226 antes o después, y que ese camino podría ser corto y difícil si uno no se andaba con cuidado. A partir de aquella visita al hospital y de aquella muerte, siempre que veo a alguna persona que se cree alguien (no soporto la soberbia, la arrogancia), pienso: “Tú también vas a pasar por la 226 y te mearás encima y pedirás perdón como Santiago.”

Leyendo a Pedro Chavero es imposible no recordar «El primer hombre», la novela póstuma del premio Nobel Albert Camus, cuyo saludable influjo lo encontrábamos también en «El viento de la luna», otra dura historia de iniciación protagonizada por gente humilde con ganas de comerse el mundo y que publicó en 2006 Antonio Muñoz Molina.

Manu López Marañón

Enlace original:
http://citaenlaglorieta.blogspot.com/2019/02/resena-de-habitacion-226-de-pedro.html?m=1

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