27 noviembre, 2018

Aida Davinia

Hace no mucho, fui la rosa que decidió mandar al olvido a sus espinas, a esas de las que antes había estado enamorada. Fui la niña que decidió sacar a bailar a los monstruos que decían habitar bajo su cama. Fui un montón de recuerdos, a la merced de las manos de un aprendiz de malabarista. Fui los cristales rotos de esa ventana que solemos confundir con la puerta. Fui todos esos arañazos que dejaba la noche en su espalda. Fui el precipicio que nunca me atreví a saltar. Fui un puñado de arena escurriéndose entre mis dedos. Fui la sal que rechazaban mis heridas. Fui “la chica de ayer” de Nacha Pop. Y si me preguntáis que quién soy ahora, os diré que quiero seguir siendo la
chica desastre que se pone los calcetines del revés, a la vez que la vida. La misma que seguirá queriendo que el café viva en el aire, pero nunca en sus labios. Aquella que, hace ya un tiempo, dejó de tener miedo a equivocarse, porque olvidarme a mí misma sería como hablar con extraños.

Esta noche las heridas las pago yo es su primer poemario con Lettere.