31 agosto, 2018

Pedro Chavero

Nací en Madrid en un tiempo colmado por la intransigencia y la envidia. Tuve suerte pues eran días en los que algunas mujeres, obligadas por la miseria, con una hoja de pilistra —así llamaban a la aspidistra, la planta originaria de China de hojas verdes y tallo blanco y recio— rasgaban su matriz para provocarse abortos y, desprendiendo el huevo de sus desdichas de entre sus entrañas, se rompían y sangraban, y con la sangre caía su niño, el cual no podían tener porque eran pobres o ya tenían ocho o seis, y cuatro o cinco más enterrados, muertos de pulmonía o tifus, o hambre y frío, que siempre venían juntos.

 

Habitación 226 

 

 

¿Cómo surgió la idea de escribir Habitación 226?

En realidad, Habitación 226 no es más que los recuerdos que siempre estaban ahí y que aparecían y desaparecían permanentemente. Es la obra de quien no quiere olvidar. Es un testimonio, un compromiso.

¿Qué van a encontrar los lectores en este libro?

Los recuerdos de un hombre vivo, de un hombre consciente que vivió una realidad que atormenta a muchos padres y abuelos de jóvenes y no tan jóvenes de hoy, muchos de los cuales no saben lo que pasaron sus padres para que hoy ellos vivan infinitamente mejor.

¿Cómo surgió el título del libro?

Habitación 226 es un eufemismo para señalar que al final, todos, ricos y pobres, listos y tontos, poderosos y humildes vamos a pasar por las puertas de la muerte, por la habitación 226 de cualquier hospital. Es la manera de decir que todos somos iguales.

¿Cuál fue la parte más complicada de afrontar a la hora de escribir este libro?

Tratar de que el lector sienta como propias las experiencias de ese niño, listo, trabajador, ambicioso… Un verdadero resiliente como se definiría ahora.

¿Cuál es el sello de identidad de Habitación 226? ¿Qué distingue a este libro del resto de publicaciones actuales?

Creo que la literatura actual trata de entretener, es dulzona, aventurera, sin compromiso. Yo he tratado de levantar conciencias, de provocar admiración por una generación que sufrió lo indecible para llegar a donde estamos, de generar un torrente de sentimientos favorables a la Justicia, a la Solidaridad, a la Tolerancia, al Compromiso… y denunciar para qué usan los vencedores su victoria: para amedrentar, para abusar, para aprovecharse. Por eso siempre hay que luchar para que las victorias sean pírricas, por la mínima, sin miedo a cambiar de bando si fuera preciso porque el poder de la victoria total es muerte y destrucción.

¿Qué le dirías a los lectores para que se llevaran este libro a casa?

Que les sirva para admirar una generación, la suya o la de sus padres o sus abuelos que en las peores circunstancias, con los peores dirigentes, con las más repulsivas de las instituciones, supieron ganar el futuro.

 

El próximo 14 de octubre publicaremos Habitación 226, seguidnos en las redes sociales para tener más información sobre el libro y sobre la editorial.