Nueve días para cambiar una vida

14,00

NUEVE DÍAS PARA CAMBIAR UNA VIDA

Alejandro Díaz de la Torre

YA EN LIBRERÍAS

El joven Alejandro invita a su amigo Dalet a pasar las fiestas de otoño en Madrid con sus familiares. Ambos son tangorys y estudian en California. Alejandro, por orden de su padre, un eminente hombre del pueblo de Tángor, se encarga de esclarecer las razones por las cuales Dalet es asesinado en un club de alterne del municipio de Aranjuez.

Los tangorys son un pueblo autóctono que tiene acuerdos con el Estado español en el que nacieron, para colaborar con el Gobierno en determinadas materias como: seguridad, educación, sanidad y otras. Su modo de vida está fuertemente condicionado por su convicciones morales, y aunque viven diseminados por el mundo mantienen fuertes vínculos y una cultura común.

Tras la pista del crimen, Alejandro, un joven de diecinueve años, descubre, a través de las informaciones que recibe de la red de comunicación tangory, que su amigo Dalet, poco antes de su muerte, visitó Jerusalén. En esa ciudad conoció a una joven colombiana, Clara, hija ilegítima del cónsul de España, con la que comienza una relación de amistad íntima.

Ambos van descubriendo que la política de España en Israel está impregnada de intereses particulares, de corruptelas y actuaciones que, en connivencia con otros actores —mafia rusa, organizaciones religiosas, traficantes de armas—, pueden alterar las relaciones políticas y comerciales de España en la zona. Tanto palestinos como israelíes están a la espera de que el cónsul y el Ministerio de Asuntos Exteriores den el visto bueno a una actuación de intereses contrapuestos para actuar en consecuencia.

Descripción

ISBN: 978-84-17535-06-3

268 págs.

 

Crítica de Félix Borstein a Nueve días para cambiar una vida

Como no quiero extenderme mucho en la presentación de la novela del joven Alejandro Díaz (el protagonismo en esta clase de actos corresponde siempre al autor pero en esta ocasión lo es con todo merecimiento), no voy a caer en la tentación de puntear los nueve mejores logros de Nueve días para cambiar una vida; unos logros —cuyo número debe representarse con una cifra superior a un dígito— que el lector advertirá enseguida sin ayuda de este modesto presentador.

Simplemente limitaré mi intervención a destacar, entre los muy diversos y buenos ingredientes del menú al que nos invita Alejandro, el arranque —extraordinariamente potente y original— de Nueve días… y el planteamiento general de la novela, el argumento central que distribuye a lo largo de la narración las mil y una peripecias, siempre trepidantes en un hilo del tiempo actual trazado sobre múltiples espacios geográficos con la ciudad de Madrid como imán, vividas por los también múltiples personajes de la ficción “alejandrina”. Una ficción que quizás traspasa su propia frontera de papel, físico o digital, siendo igualmente la sombra de una realidad vivida por Alejandro, tangible a pesar de que hay que leer la ficción, en su posible acomodo a la realidad, según la propuesta del autor, con un juego de lentes que invierten y deforman la experiencia, yo me atrevería a decir que asimismo familiar, de casi todos los personajes que recorren a gran velocidad las páginas del relato. Pero, en mi opinión, esto no deja de ser una anécdota dentro del valor literario, intrínseco, de la narración.

Nueve días…, a mi juicio, es un thriller sobre una comunidad que uno adivina como una fantasmal y moderna masonería. Nueve días… es un pequeño movimiento sísmico —“la aventura es la aventura”, ya saben ustedes— provocado con gran pericia por la feraz imaginación de Alejandro Díaz que, a modo de contraste de reposo, ancla sus espasmódicas vibraciones en la serenidad y el ideario de una fraternidad de la que hasta ahora nada sabíamos: la “nación tangory”.

Frente al mundo ideal de los tangorys, nación a la que pertenece el protagonista y su familia (que son “los buenos”), la trama de la novela Nueve días… (que lleva a manera de subtítulo el sintagma “…para cambiar una vida”, un lema que yo no encuentro explícito en su desarrollo y desenlace, por lo que me gustaría que el autor me aclarara su intencionalidad), la trama (repito) está poblada por personas rencorosas (como la forzada meretriz colombiana), egoístas y equívocas (el cónsul y el comisario), ambiciosas que juegan a todas las bandas (la médico forense) o simplemente miedosas y faltas de coraje (como la ¿imaginaria? periodista de El País). Con una víctima inocente de un supuesto complot que empieza a rodar a la estela de intereses personales inconfesables mezclados con la “razón de Estado” esgrimida, sin que necesariamente coincidan los perfiles de la misma,como se verá al final, por España e Israel, y como remate el sorprendente copyright de las reivindicaciones palestinas. El sujeto pasivo de Nueve días… es una víctima desdichada que, naturalmente, también es un individuo perteneciente a la “nación tangory”.

La última ola de la novela, una ola imprevista y atroz, llega a batir en su ímpetu la ciudad de Madrid, no muy lejos del lugar en el que hoy nos encontramos. Como he sugerido antes, la novela de Alejandro Díaz es una novela madrileña. Yo, nacido en “el Foro”, he saboreado con deleite y familiaridad las estampas del Madrid actual (y también “cheli”) primorosamente grabadas en el taller literario del autor. Unas estampas, muy buenas y divertidas, que, mucho más allá de Madrid, vuelan hasta lugares exóticos y remotos a lo largo de todo el libro. Hasta alcanzarme personalmente en el corazón con la fugaz (creo que únicamente dos veces) de un personaje secundario identificado como Rubén. Así se llamaba mi difunto padre.

 

Crítica de Carlos Sánchez (El Confidencial) a Nueve días para cambiar una vida

La novela se llama 9 días para cambiar una vida, pero es una mera treta para engatusar incautos. Como por cierto el lector advertirá enseguida.

Nueve días es un espacio de tiempo demasiado corto para entender la vida de los tangory, una extraña secta que te adentra en un mundo desconocido. Y quien piense que estamos ante una novela menor porque transcurre en tan parco espacio de tiempo, se equivoca. Las limitaciones temporales obligan a comprimir la trama y el resultado es una novela que no sólo se lee de un tirón, sino lo que es más importante, que se deja leer. Con personajes fascinantes como los narjarys, ciudadanos que entran a formar parte del pueblo tangory por medio del matrimonio o por pura convicción.

Estamos ante un libro primerizo -en el sentido literal del término, no del autor-, que tiene algo de policiaco, unas gotas de geoestrategia y política  internacional, ciertas dosis de libros de cocina (añoranza del viejo Vázquez Montalbán), una especie de  manual de supervivencia en caso de divorcio, música culta y hasta un libro de negocios. En suma, 9 días, es un microcosmos. O lo que es lo mismo, viene a ser una de esas pinturas de Juan Genovés que reflejan la existencia de miles de pequeños personajillos cuyo contorno sólo es adivinado mirándolos desde lejos.

Como la novela de Díaz de la Torre, que gana a medida que se ve con perspectiva. No en vano, como dice uno de los personajes, “el mundo es de los atrevidos, de los que no tienen miedo a cuestionar el orden imperante en la ciencia, en la política o en cualquier otro ámbito. Los errores mueren, pero los aciertos derrumban montañas y trazan puentes al infinito”.

 

Información adicional

Dimensiones 15 × 21 cm

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